Creatividad

-Vamos a REPASAR algunos aspectos ya trabajados en clase.
-Repartiremos el trabajo por semanas.
-Correo : lengisoly@yahoo.es para las actividades, trabajos y dudas.
Al final de cada semana, pondré la solución de las actividades.
-Cuando me enviéis las actividades, Nombrad los archivos con vuestro nombre, curso y fecha, ejemplo:
pedro suárez_B1A_19-03-20
PRIMERA SEMANA ( 16-20 MARZO)
- Revisaremos el tema del Romanticismo (cuyo control está pendiente). Tema 6 del libro. Puedes asomarte también a "ROMANTICISMO".
- A partir de esta selección de textos del Romanticismo (ya vistos en clase), deberéis responder a las cuestiones






TEXTO 1
LOS HIJOS DEL PRÍNCIPE
Manfredo, príncipe de Otranto, tenía un hijo y una hija: esta, una bellísima doncella de dieciocho años, se llamaba Matilda. Conrado, el hijo, tres años menor, era un joven feo, enfermizo y de disposición nada prometedora. Aun así gozaba del favor de su padre, que nunca dio muestras de afecto hacia Matilda. Manfredo había concertado un matrimonio para su vástago con la hija del marqués de Vicenza, Isabella, la cual ya había sido puesta por sus custodios en manos de Manfredo, a fin de que pudieran celebrarse los esponsales en cuanto el estado de salud de Conrado lo permitiera. La impaciencia de Manfredo por esta ceremonia la advirtieron su familia y sus vecinos. La familia, conociendo bien el carácter severo de su príncipe, no se atrevió a exteriorizar sus reservas ante su precipitación. Hippolita, la esposa, una dama afable, alguna vez se había aventurado a comentar el peligro de casar a su único hijo tan pronto, considerando su corta edad y su pésima salud; pero nunca recibió más respuesta que reflexiones acerca de su propia esterilidad, pues había dado a su esposo un solo heredero. Los arrendatarios y súbditos eran menos cautos en sus palabras: atribuían aquella boda precipitada al temor del príncipe de ver cumplida una antigua profecía según la cual «el castillo y el señorío de Otranto dejarían de pertenecer a la actual familia cuando su auténtico dueño creciera tanto que no pudiera habitarlo». Era difícil atribuir algún sentido a la profecía, y aún resultaba menos fácil concebir que tuviese algo que ver con el matrimonio en cuestión. Pero tales misterios, o contradicciones, en ningún caso disuaden al vulgo de su opinión. Los esponsales se fijaron para el día del cumpleaños del joven Conrado. La concuorrencia se reunió en la capilla del castillo y todo estaba listo para comenzar el oficio divino, cuando se advirtió la ausencia de Conrado. Manfredo, impaciente ante el mínimo retraso y no habiendo observado que su hijo se retirase, envió a uno de sus criados para que llamara al joven príncipe. El sirviente, sin tiempo siquiera para haber cruzado el patio que le separaba de los aposentos de Conrado, regresó corriendo, sin aliento, frenético, con los ojos desorbitados y echando espuma por la boca. No decía nada, pero señalaba el patio. Los presentes quedaron abrumados por el terror y la extrañeza. La princesa Hippolita, ignorante de lo que sucedía, pero ansiosa por su hijo, se desmayó. Manfredo, menos aprensivo que furioso por el retraso de la boda y por la estupidez de su doméstico, preguntó imperiosamente qué ocurría. El criado no respondió, pero continuó señalando hacia el patio. Finalmente, después de que se le dirigieran repetidas preguntas, exclamó:
—¡Oh, el yelmo! ¡El yelmo!
Mientras tanto, algunos concurrentes habían corrido al patio, desde donde se oía un confuso griterío que revelaba horror y sorpresa. Manfredo, que empezaba a alarmarse al no ver a su hijo, acudió en persona a informarse de la causa de tan extraño revuelo. Matilda no se ausentó, esforzándose en ayudar a su madre, e Isabella se quedó con el mismo propósito, y también para evitar mostrar impaciencia por el contrayente, hacia el cual, en verdad, sentía escaso afecto. Lo primero que saltó a la vista de Manfredo fue un grupo de sirvientes tratando de levantar algo que le pareció un montón de plumas negras. Miró sin dar crédito a sus ojos.
—¿Qué estáis haciendo? —exclamó Manfredo airadamente—. ¿Dónde está mi hijo?
—¡Oh, señor! —replicó un torrente de voces—. ¡El príncipe! ¡El príncipe! ¡El yelmo! ¡El yelmo!
Impresionado por estos lamentos y temiendo no sabía qué, avanzó apresuradamente. Mas ¡qué visión para los ojos de un padre! Contempló a su hijo despedazado y casi sepultado bajo un enorme yelmo, cien veces mayor que cualquiera hecho para un ser humano, y ensombrecido por una cantidad proporcional de plumas negras.
Horace WALPOLE. El castillo de Otranto
TEXTO 2
CHILDE HAROLD
II. Vivió en tiempos pasados, en la isla de Albión, un joven a quien los senderos de la virtud no ofrecían encanto alguno. Sus días se deslizaban en la grosera orgía, y sus ruidosos placeres fatigaban los oídos aletargados de la noche. ¡Desgraciado! Cierto es que se entregaba a todos los goces profanos: no había en la tierra compañía que le fuera más agradable que la de las cortesanas, los invitados sensuales y los libertinos de toda laya.
IV. Childe Harold no precavía la miseria: parecíase al insecto en los días de estío, que se place al sol de mediodía, sin pensar que antes de que llegue el crepúsculo el viento frío de las tempestades puede soplar y sorprenderle. No había llegado aún al tercio de su vida, cuando se vio atacado por algo peor que la desgracia: sintió los asqueos de la saciedad. Se cansó de su tierra natal, que le parecía más solitaria que la triste celda de un eremita.
V. Había recorrido todos los dédalos del vicio, sin reparar jamás en sus engaños. Había suspirado por miles de beldades, aunque únicamente amaba a una sola, y aquella a la que amaba no pudo ser suya nunca. ¡Qué felicidad escapar a un hombre cuyos abrazos hubiesen profanado una belleza tan casta! ¡Cuán dichosa fue al no caer en los brazos de un hombre que hubiese abandonado prontamente sus encantos a cambio de vulgares voluptuosidades, que hubiere disipado todos sus bienes con el fin de continuar sus despilfarros, desdeñando los placeres tranquilos de la felicidad conyugal!
VI. El corazón de Childe Harold estaba carcomido por el fastidio. Quería huir lejos de sus compañeros de orgía; dícese que a veces brillaba en sus ojos húmedos una lágrima, lágrima que el orgullo helaba súbitamente. Se disponía a errar a solas, acompañado de triste delirio. Finalmente resolvió abandonar su patria para visitar los climas abrasados de ultramar. Saciado de placeres, suspiraba casi en pos del infortunio: para cambiar de escenario, hubiera sido capaz de descender hasta el imperio de las sombras.
LORD BYRON. Las peregrinaciones de Childe Harold.
1. Analiza los recursos estilísticos empleados por el autor.
2. ¿Qué rasgos del Romanticismo se hacen presentes en los fragmentos de Las peregrinaciones de Childe Harold seleccionados?
TEXTO 3
CARTA DE HIPERIÓN A BELARMINO
¡Feliz naturaleza! No sé lo que me pasa cuando alzo los ojos ante tu belleza, pero en las lágrimas que lloro ante ti, la bienamada de las bienamadas, hay toda la alegría del cielo.
Todo mi ser calla y escucha cuando las dulces ondas del aire juegan en torno de mi pecho. Perdido en el inmenso azul, levanto a menudo los ojos al Éter y los inclino hacia el sagrado mar, y es como si un espíritu familiar me abriera los brazos, como si se disolviera el dolor de la soledad en la vida de la divinidad.
Ser uno con todo, esa es la vida de la divinidad, ese es el cielo del hombre.
Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, esta es la cima de los pensamientos y alegrías, esta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes. […]
A menudo alcanzo esa cumbre, Belarmino. Pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo eternamente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como un extraño, y no la comprendo.
¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas! La ciencia, a la que perseguí a través de las sombras, de la que esperaba, con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras es la que me ha estropeado todo.
En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía.
Friedrich Hölderlin
TEXTO 4
En una tarde de verano, recostado en una montaña frente al sol, me dormí. Soñé que despertaba en el cementerio. Las ruedas del reloj de la torre me habían despertado con el toque de las once. Busqué el sol en el cielo desierto de la noche. Creía que un eclipse lo escondía detrás de la luna. Todas las tumbas estaban abiertas y las puertas de fierro del osario se abrían y cerraban, movidas por invisibles manos. Sobre los muros volaban sombras que ningún cuerpo proyectaba y otras sombras se elevaban rectas en el aire. Solo los niños dormían en los féretros abiertos. Todo el cielo estaba cubierto por los inmensos pliegues de una niebla gris y pesada, que una sombra gigantesca atraía hacia sí; como una red, siempre de manera más próxima, más estrecha, más ardiente. Escuchaba, por encima de mí, la caída lejana de las avalanchas y, por debajo de mí, los primeros pasos de un terremoto inconmensurable. La iglesia oscilaba agitada por dos notas discordantes, continuas, que luchaban entre sí, buscando en vano fundirse en un acorde armonioso. A veces, un resplandor gris subía del interior a las ventanas, y bajo ese resplandor el hierro y el plomo fundidos, fluían. La red de niebla y la tierra oscilante me empujaron hacia el templo, ante la puerta del cual se escondían dos brillantes basiliscos detrás de dos arbustos venenosos. Pasé entre sombras desconocidas, marcadas por los siglos del pasado.
Todas las sombras estaban alrededor del altar y en todas ellas, en el lugar del corazón, el pecho latía y palpitaba. Solo un muerto, que acababa de ser enterrado en la iglesia, reposaba todavía sobre sus cojines, su pecho no latía, y su rostro sonriente mostraba un sueño feliz. Pero al entrar una persona viva, despertó y dejó de sonreír, abrió lentamente sus pesados párpados, pero adentro no había ojos y en su pecho palpitante había una herida en lugar del corazón. Levantó las manos y las unió para rezar; pero sus brazos se alargaron, se desprendieron y sus manos unidas cayeron a lo lejos. Arriba, en la cúpula de la iglesia, estaba el cuadrante de la Eternidad, no tenía números y era su propia aguja, sólo un dedo negro daba vueltas y los muertos querían ver ahí el Tiempo.
Entonces, una alta y noble figura, marcada por el sufrimiento eterno, descendió sobre el altar, y todos los muertos gritaron «¡Cristo! ¿No hay Dios?».
Él respondió: «No hay».
La sombra entera de cada muerto, no solo el pecho, se puso a temblar y el estremecimiento fue causa de su desintegración.
Cristo prosiguió: «He recorrido los mundos, subí a los soles y volé con las vías lácteas a través de los desiertos del cielo, pero no hay Dios. Bajé, lejos y profundo, hasta donde el Ser proyectaba sus sombras, miré al abismo y grité: “Padre, ¿dónde estás?”, pero solo escuché la eterna tempestad que nadie gobierna; y el brillante arco iris formado por todos los seres estaba ahí, sobre el abismo, sin que ningún sol lo creara y se derramaba gota a gota. Y cuando alcé la mirada hacia el cielo infinito buscando el Ojo de Dios, el universo fijó en mí su órbita vacía, sin fondo; la Eternidad reposaba sobre el Caos, lo roía y se devoraba a sí misma.
Jean Paul RICHTER. Discurso de Cristo muerto desde lo alto del Edificio del Mundo: no hay Dios
1. Identifica la corriente filosófica imperante en el Romanticismo que encuentras en el texto.
TEXTO 5
LORD BYRON (1788-1824) Canción del corsario
En su fondo mi alma lleva un tierno secreto
solitario y perdido, que yace reposado;
mas a veces, mi pecho al tuyo respondiendo,
como antes vibra y tiembla de amor, desesperado.
Ardiendo en lenta llama, eterna pero oculta,
hay en su centro a modo de fúnebre velón,
pero su luz parece no haber brillado nunca:
ni alumbra ni combate mi negra situación.
¡No me olvides!... Si un día pasaras por mi tumba,
tu pensamiento un punto reclina en mí, perdido...
La pena que mi pecho no arrostrara, la única,
es pensar que en el tuyo pudiera hallar olvido.
escucha, locas, tímidas, mis últimas palabras
-la virtud a los muertos no niega ese favor-;
dame... cuanto pedí. Dedícame una lágrima,
¡la sola recompensa en pago de tu amor!...
-
Recuerdas la historia del Corsario. ¿Quién era? ¿Contra quién luchaba? ¿Y su amor? Si no es así, busca la información y resúmela.
-
Qué características del romanticismo presenta este personaje?
TEXTO 6
Camina bella, como la noche... LORD BYRON
Camina bella, como la noche
De climas despejados y de cielos estrellados,
Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz
Resplandece en su aspecto y en sus ojos,
Enriquecida así por esa tierna luz
Que el cielo niega al vulgar día.
Una sombra de más, un rayo de menos,
Hubieran mermado la gracia inefable
Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,
O ilumina suavemente su rostro,
Donde dulces pensamientos expresan
Cuán pura, cuán adorable es su morada.
Y en esa mejilla, y sobre esa frente,
Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,
Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan
Y hablan de días vividos con felicidad.
Una mente en paz con todo,
¡Un corazón con inocente amor!
1. ¿Qué nos cuenta el autor en este poema?
TEXTO 7
JOHN KEATS (1795-18121)
Oda a un ruiseñor
Me duele el corazón y aqueja un soñoliento
torpor a mis sentidos, cual si hubiera bebido
cicuta o apurado algún fuerte narcótico
ahora mismo, y me hundiese en el Leteo:
no porque sienta envidia de tu sino feliz,
sino por excesiva ventura en tu ventura,
tú que, Dríada alada de los árboles,
en alguna maraña melodiosa
de los verdes hayales y las sombras sin cuento,
a plena voz le cantas al estío.
¡Oh! ¡Quién me diera un sorbo de vino, largo tiempo
refrescado en la tierra profunda,
sabiendo a Flora y a los campos verdes,
a danza y canción provenzal y a soleada alegría!
¡Quién un vaso me diera del Sur cálido,
colmado de hipocrás rosado y verdadero,
con bullir en su borde de enlazadas burbujas
y mi boca de púrpura teñida;
beber y, sin ser visto, abandonar el mundo
y perderme contigo en las sombras del bosque!
A lo lejos perderme, disiparme, olvidar
lo que entre ramas no supiste nunca:
la fatiga, la fiebre y el enojo de donde,
uno a otro, los hombres, en su gemir, se escuchan,
y sacude el temblor postreras canas tristes;
donde la juventud, flaca y pálida, muere;
donde, sólo al pensar, nos llenan la tristeza
y esas desesperanzas con párpados de plomo;
donde sus ojos claros no guarda la hermosura
sin que, ya al otro día, los nuble un amor nuevo.
¡Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo,
no en el carro de Baco y con sus leopardos,
sino en las invisibles alas de la Poesía,
aunque la mente obtusa vacile y se detenga.
¡Contigo ya! Tierna es la noche
y tal vez en su trono esté la Luna Reina
y, en torno, aquel enjambre de estrellas, de sus Hadas;
pero aquí no hay más luces
que las que exhala el cielo con sus brisas, por ramas
sombrías y senderos serpenteantes, musgosos.
Entre sombras escucho; y si yo tantas veces
casi me enamoré de la apacible Muerte
y le di dulces nombres en versos pensativos,
para que se llevara por los aires mi aliento
tranquilo; más que nunca morir parece amable,
extinguirse sin pena, a medianoche,
en tanto tú derramas toda el alma
en ese arrobamiento.
Cantarías aún, mas ya no te oiría:
para tu canto fúnebre sería tierra y hierba.
Pero tú no naciste para la muerte, ¡oh, pájaro inmortal!
No habrá gentes hambrientas que te humillen;
la voz que oigo esta noche pasajera, fue oída
por el emperador, antaño, y por el rústico;
tal vez el mismo canto llegó al corazón triste
de Ruth, cuando, sintiendo nostalgia de su tierra,
por las extrañas mieses se detuvo, llorando;
el mismo que hechizara a menudo los mágicos
ventanales, abiertos sobre espumas de mares
azarosos, en tierras de hadas y de olvido.
¡De olvido! Esa palabra, como campana, dobla
y me aleja de ti, hacia mis soledades.
¡Adiós! La fantasía no alucina tan bien
como la fama reza, elfo de engaño.
¡Adiós, adiós! Doliente, ya tu himno se apaga
más allá de esos prados, sobre el callado arroyo,
por encima del monte, y luego se sepulta
entre avenidas del vecino valle.
¿Era visión o sueño?
Se fue ya aquella música. ¿Despierto? ¿Estoy dormido?
Versión de Juan González-Blanco de Luaces
1.Explica el significado de este poema
2. Escoge unos versos que te llamen la atención y explica por qué.
TRABAJO DE CREATIVIDAD
(para enviar, como tope, a final de la segunda semana)
Realizar una creación que recoja algunas de las características del romanticismo: irracionalismo, sentimientos, personajes rebeldes y antisociales, ...
Puede ser una carta, un poema, un reportaje, una entrevista, un relato, un vídeo o montaje audiovisual, un texo ilustrado, un cómic...
Será una nota que os ayudará en la evaluación, dentro del porcentaje de trabajos (20%).



SOLUCIONES
SEGUNDA SEMANA ( 23-27 MARZO)
-Repasad algunos poemas vistos en el libro y contestad a esta selección de ejercicios. Ánimo que son cortos y sencillos.
Pág. 97 Ej. 5 (sobre el texto de Leopardi)
Pág. 99 Ej. 15 (sobre el texto de Keats)
Pág. 103 Ej 17, 19 (sobre texto de W. Widswodt)
Pág. 103 Ej. 23 (sobe texto de Novalis)






-Los que no hayáis hecho en clase (ya fue recogida en el grupo C/D, aunque algunos no estabais ese día) la valoración de Casa de muñecas, debéis realizar el Dossier de lectura, pero, en esta ocasión, solo incuiréis la parte de "Autor" y "Valoración personal". A cambio, añadiremos un ejercicio de creatividad: "cambia el desenlace de la obra".
- Terminaréis el trabajo creativo sobre el Romanticismo iniciado la semana pasada.
-Recordad que la próxima lectura será, a elegir, entre Estupor y temblores (Amélie Nothomb), La Metamorfosis (Kafka) o Un verano sin hombres (Siri Hustvedt).
Podéis acceder a las tres fácilmente (Os dejo un archivo con La Metamorfosis y las otras dos podéis descargarlas para ebook a muy buen precio).



SOLUCIONES
TERCERA SEMANA: 30 MARZO-3 ABRIL



-Esta semana una última actividad de repaso. Rellena la tabla que tienes a continuación. Puedes descargar el archivo word o pdf y rellenarlo.
